Adam Smith es una de las personas cuyo pensamiento ha sido fundamental para el desarrollo de la Sociedad actual. No en vano es el padre de la Economía Moderna, y autor de uno de esos libros, que debería ser de obligada lectura a partir de ciertos cursos en las escuelas, probablemente ayudaría a tener un poco más de perspectiva a las futuras generaciones, pero esto no deja de ser una opinión meramente personal y por supuesto discutible.
Lo que es indudable, es que en su obra «La Riqueza de las Naciones«, Adam Smith pone, o expone, uno de esos fundamentos que han hecho de Occidente lo que es. Según la tesis central de su obra, la clave del bienestar social está en el crecimiento económico, que se potencia a través de la división del trabajo y la libre competencia. La división del trabajo crece a medida que se amplía la extensión de los mercados y por ende la especialización. Cuando hay libre competencia, se crea el medio idóneo para la economía, y las contradicciones que puedan surgir, se corrigen por un ente al que denominó la «mano invisible» del sistema. Es decir, es el interés propio de cada individuo (el mal llamado en nuestro idioma, «ánimo de lucro»), el que conduce al bienestar general y el que produce, en última instancia, el avance y el progreso de todos. En palabras de Smith «no es la benevolencia del carnicero o del panadero la que nos lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses».
Otro ejemplo, y dado que hace unos meses usamos a Edison como inspiración para hablar de Blockchain, usemos la bombilla como musa. Cuando se desarrolla la bombilla, Edison lo hizo para comercializarla y ganar dinero, buscando su interés propio. Sin embargo, ¿alquien puede decir que el conjunto de la Sociedad indirectamente no se ha beneficiado del invento?, hay fábricas para construirlas (dando empleo a trabajadores) y ha mejorando la vida de aquellos que pueden iluminar su casa mejor y no a base de velas o lámparas de aceite, que resultaban además menos ecológicas.
Siempre he dicho, que para mi es cuestionable el desarrollo económico infinito en un mundo finito, salvo que desarrollemos las áreas de la nanotecnología y la conquista espacial. No obstante, parece que la capacidad del hombre para superar sus límites cuando parece estar al borde del colapso, forma parte de su naturaleza, y creo firmemente que estas áreas nos darán más de una alegría en los próximos años. La aplicación de la IA, será clave para acelerar su desarrollo y llegar a lugares y realizar acciones que solamente podemos, de momento, imaginar. No obstante, hasta en esto Adam Smith pensó, la llamada Tragedia de los Comunes, es un ejemplo del consumo de recursos escasos y valiosos, cuya sobre explotación perjudica a todos.
De lo dicho hasta ahora, se deduce uno de los principios claves del capitalismo, y es que son los individuos los que pueden (deben) decidir, de manera más apropiada que los Gobiernos, qué se debe producir y consumir y en qué cantidad. Y aunque muchos han tildado esta afirmación como antiestado, para Smith siempre había un límite claro entre el interés propio y la mera avaricia, argumentando que el Hombre, siempre necesita de sus semejantes para realizar cualquier acción. Al fin y al cabo, somos seres sociales, hechos y creados para el encuentro, aunque esto entra dentro de otros campos, en los que no me quiero detener, o al menos, no hoy.
Han pasado unos cuántos años desde que Adam Smith escribió su libro y vivió, y la evolución económica y social en la que nos encontramos, seguramente habría sido algo previsible para él dentro de su planteamiento filosófico. Parece la consecuencia natural a la que dirigirse, si cada vez hay más personas que por mero «ánimo de lucro» (argggg que poco me gusta esta expresión) acaban creando valor para el resto.
Quizás menos previsible para Smith hubiera sido pensar en la aparición de la tecnología Blockchain, esa herramienta que permite que varios, llamémosles «entes», puedan realizar transacciones y llegar a acuerdos sin necesidad de tener que confiar el uno en el otro y sin un tercero que medie en el proceso. De lo que si estoy seguro, es que Smith vería con muy buenos ojos, a la cadena de bloques, el escenario ideal donde individuos puedan realizar sus negocios con una intervención muy limitada por parte de los Gobiernos y Estados.
Es al calor de la Blockchain, donde surge la idea del Token, ese elemento que muy poca gente entiende realmente lo que es o qué representa. Y muchos menos son capaces de saber la diferencia entre lo que es un Token Fungible, y uno que no lo es, y que posibilidades permiten uno u otro y en que estado de maduración se encuentran ambas tecnologías (tampoco hablaré hoy de esto, ya le dedicaremos su momento).
Lo que si podemos decir es que el Token se convertirá en ese elemento básico para articular el funcionamiento de las aplicaciones que ya se están construyendo. Su carácter multidimensional, que les capacitan para representar un valor monetario, una acción, el pago por un producto a futuro o el derecho a usar o acceder a cualquier otro activo o sistema, por citar algunas de sus representaciones, hacen que la economía mundial, en el corto-medio plazo, acabe por estar representada en su mayor parte, por estos elementos que viven, crecen y se relacionan dentro del ecosistema de las Blockchain. Es por ese motivo, que el primer reto al que se enfrenta cualquier proyecto sobre Blockchain, es el de lidiar con los tokens y entender que papel jugara dentro de la organización.
Además sucede una situación que por primera vez llega a las empresas y a los individuos, algo que tradicionalmente estaba reservado a los Estados. La posibilidad de emitir su propio dinero, con sus propias reglas, condiciones y modos de operación, creando mini o micro (quien sabe si macro) economías, que de un modo u otro tienen que acabar incidiendo en el modelo económico tradicional. Cómo se verán reflejadas estas relaciones es algo que solo estamos comenzado a entender, por tanto, las consultas legales que suelen acompañar a estos proyectos, ya tienen por si solas un preciado valor. Sin contar con las nuevas organizaciones, nacidas bajo el amparo de este nuevo paradigma, y en donde el concepto de Organización Autónoma Descentralizada, cobra su pleno sentido y que no se rigen o miden por los parámetros o métricas que habitualmente estamos acostumbrados a usar en las organizaciones del «mundo real», viéndose todavía como meras soluciones tecnológicas, más que empresas con modelos de negocio serios y viables.
Una economía sustentada por tokens, hace necesaria la aparición de un nuevo término que permita poder expresar, si quiera en parte, el enorme potencial que tenemos entre manos. Tokenomics o Tokenomía es esa palabra que refleja el punto de intersección entre Economía y Tokens. Si la Economía se ocupa de cómo cubrir nuestras necesidades maximizando lo que damos a cambio para cubrirlas, ¿cómo no puede aplicarse a cuando nuestros intereses estén representados por Tokens dentro de las redes de información? Tokens creados por lucro, pero que a la larga, los proyectos que hay detrás revertirán en un beneficio para todos. Muchos de esos proyectos fracasaran, la selección natural no hace distinciones, y llegara el día que entre tanto mar revuelto de ICOs e ideas de lo más variopintas, surgirá un valor para la Sociedad. De momento ya hay dos que demuestran ese potencial, uno es bitcoin, con sus pros y contras, respetando en mayor o menor medida el ideario original de Satoshi (esto daría para hablar largo y tendido), otro es ether, la moneda de cambio de Ethereum y motor para la ejecución de los contratos inteligentes, y Red que además permite que otros Tokens puedan florecer en un ecosistema que pronto será increíblemente diverso.
Es lo normal y lo más lógico, y eso sin pensar, en que una vez la «tokenización» sea interiorizada, el siguiente paso será que estos tokens puedan ser intercambiados por otros dentro de las diferentes plataformas de intercambio, creando mercados secundarios con valor y vida propia, y en donde la «mano invisible» de la que hablaba Adam Smith, quedará transformada en su variación digital del siglo XXI y que tendrá su lugar natural dentro de la Blockchain.
Desde Clluc, estamos ayudando a muchas empresas a entender este incipiente modelo económico, y a crear soluciones que les aporten valor, comenzando por lo más fácil y a la vez lo más abstracto, el Token. Lo que tal vez no saben, es que gracias a ellos, y a los problemas que nos ponen sobre la mesa, estamos nosotros también aprendiendo a entender como la nueva Economía funcionará, una espiral de retroalimentación mutua y positiva, que beneficia a todo nuevo proyecto que llega a nuestras manos. Cada vez que resolvemos un problema, somos capaces de poner una nueva pieza de un puzzle, que comienza a verse, como lo que es, un problema simplemente complejo, al que hay que aplicar herramientas y metodologías que nos permitan gestionar esa complejidad, algo que desde Clluc sabemos hacer muy bien. Es una lástima no poder citarles desde aquí, sin romper un buen número de NDAs, pero a todos ellos, gracias.
Gracias también a mi equipo, la gente que crea y da cuerpo a las soluciones que se piensan en los despachos y reuniones, Victor, Mariano, Luis, José, no se podría hacer sin vosotros. Y como no, a Alberto, por habernos pasado el testigo de esta aventura apasionante y a Luis y a Carlos por confiar en que podremos lograrlo.
Pues a Tokenizar sea dicho… 🙂
